Creo que ha llegado un punto donde la motivación se fue un poquito a la cresta. Donde con todo el tiempo libre del mundo, no dan ganas de hacer nada. Donde el estrés que se aproxima es tan obvio, casi tangible, y a mí no me importa en lo absoluto. Donde pierdes interés en las cosas que usualmente te alegran el día, pues hacerlas solo simplemente no es lo mismo.
Extraño (parece) la compañía que no se pide, a esa persona que le nace estar contigo, que piensa que contigo es más feliz y que juntos pueden serlo aún más. Extraño esas llamadas que te hacen sentir en las nubes, esos mensajes que son capaces de iluminar el más negro de los días, esa invitación al lugar más simple de la ciudad y que con esa persona se transforma en un laberinto de sonrisas y encantos.
Sé que es lo que quiero, pues ya lo tuve y con ello viví situaciones que me fascina recordar y de solo hacerlo cambian mi estado de ánimo. Felicidad, tranquilidad, comodidad, seguridad, rabia, nostalgia, pena. Sentimientos que, para bien o para mal, se apoderan de mi mente. Pero ¿es lo que necesito?
Me encantaría sentir que no necesito de la
compañía de ese alguien para
recuperar la motivación
y seguir.
Te entiendo querubín! :/
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