lunes, 15 de agosto de 2011

Decisiones

¡Qué complicado! Todo se torna tan complejo a la hora de tomar decisiones. Más bien, no es cuando uno decide qué hacer, sino cuando todo sale mal. Es como si el mundo conspirase en contra nuestro. Como si todo perdiera sentido a la hora de llevarlo a cabo. Como si todo el coraje que reunimos para tomar aquella decisión se escapara de nosotros con una facilidad sorprendente. 

Es impresionante la cantidad de cosas que se piensan en frío, pero también lo es la rapidez con que con un solo gesto, con una sola mirada o con una sola palabra se puede derrumbar lo que nos costó minutos, horas, días, semanas o meses en construir. Es como si las convicciones que en algún momento tuve, perdieran todo valor y sentido. Como si nada de lo que pudiera pensar, sentir e imaginar tuviera validez en el momento de actuar...

Es como si tuvieras la capacidad de -sin arma alguna- dejarme inmóvil, en silencio y reconociendo la debilidad que produces en mí.

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